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sábado, 22 de octubre de 2011

Cuando no existe la clemencia

Dos días después de la muerte del dictor libio Muamar el Gadafi, y cuando se disparan los rumores de si murió ejecutado en vez de en un tiroteo, aparece un vídeo en el que se muestra a Gadafi capturado y pidiendo clemencia por su vida, poco antes de ser ejecutado con un tiro en la sien.

No quiero criticar desde el sillón de mi casa a quienes han ejectuado a Gadafi en vez de entregarlo a la justicia y someterlo a un juicio, como se hizo con Sadam Husein. Seguramente, el veredicto del juicio hubiera sido la muerte.

Y digo que no quiero criticarles, porque yo estoy en el sillón de su casa mientras millones de libios han sufrido una dictadura durante más de 40 años y no estoy moralmente capacitado para criticar lo que han hecho a quien ha torturado y asesinado a sus familiares, amigos y conocidos.

Sin embargo, si puedo cuestionarme lo que han hecho, y tengo el convencimiento de que hubiera sido más bonito, más justo, más humano, que quienes le mataron le hubieran dado una lección moral y le hubieran tratado como un ser humano, a diferencia de lo que hizo él con su pueblo durante tantos años.

domingo, 19 de junio de 2011

¿Esquerra? ¿Republicana? de Catalunya

Tras los incidentes ocurridos esta semana en Catalunya, donde un numeroso grupo de personas, de los que se han desmarcado los indingados del 15-M, atacaron a los diputados del Parlamento de Catalunya, el ex presidente de ERC, Josep Lluís Carod-Rovira, ha cargado contra los indignados del 15-M, reclamando que se quejen únicamente en España, debido a que los carteles de sus consignas se han escrito únicamente en castellano.

Y es que cuando el sabio señala a la luna, el necio se fija en el dedo. Así, sus declaraciones no hacen sino recordarme una estrofa de Cuervo Ingenuo, una canción de Javier Krahe que ha cantado numerosas veces con Joaquín Sabina. Dicha canción, escrita en 1986, era una crítica a la política del PSOE en aquellos años, muy cercana a los Estados Unidos de Ronald Reagan y muy activa en favor de la entrada en la OTAN. Una de las estrofas de esa canción decía así:
Tú, mucho partido pero: ¿es socialista, es obrero? ¿o es español solamente?
Y esto es lo que se me ocurre al pensar en Carod-Rovira, ya que a pesar de que desde hace dos semanas ya no forma parte de Esquerra Republicana de Catalunya, cabe pensar que si ha permanecido 25 años en dicho partido sea porque se siente izquierdista y republicano, además de catalán. Y es que a él me gustaría preguntarle: "Tú, mucho partido pero, ¿es izquierdista, es republicano? ¿o es catalán solamente?". Desde fuera me da la sensación que preferiría una Cataluña independiente con un régimen ultracapitalista antes que una España o una Europa (incluída Cataluña) con gobiernos y políticas de verdadera izquierda, o que no le importaría una Cataluña independiente y monárquica.

Da verdadera pena escuchar esas críticas a los indignados del 15-M por parte de alguien que se autodenomina izquierdista. A toro pasado se les podrá criticar muchas cosas, como que podrían haberse organizado mejor, pero la mayoría de sus reclamaciones (modificar la ley electoral para eliminar el bipartidismo que perjudica claramente a los pequeños partidos izquierdistas como Izquierda Unida, acceso más factible a una vivienda digna, mejorar la sanidad pública, crítica a los bancos...) no han sido sino las reclamaciones que siempre ha hecho la izquierda. Por eso resulta curioso que alguien que se haga llamar izquierdista critique a los indignados... por escribir sus lemas en castellano.

Personalmente, tengo la sensación de que si los movimientos se hubieran realizado en Francia, Grecia o Mozambique, por citar tres países cualesquiera, Carod-Rovira hubiera estado muy de acuerdo con esos movimientos y habría aprovechado para criticar a la juventud española por no moverse; pero al ser la juventud española la que se mueve, critica el movimiento. Como comenté en esta entrada, primero se fija en quién ha hecho aquello sobre lo que hay que opinar, y en función de quién es, opina en una o en otra dirección.

Una pena lo de la clase política catalana, una de las comunidades donde los partidos de extrema derecha han sacado más concejales, donde los partidos de derecha presentan algunos candidatos propios de la extrema derecha, como el nuevo alcalde de Badalona, Xavier García Albiol, y donde los partidos de izquierda, primero catalanes y después, muy a lo lejos, izquierdistas, muestran una xenofobia ante lo español que nada tiene que envidiar a la que la extrema derecha tiene hacia lo catalán o lo extranjero.

Resumiendo, si antes estaba bastante convencido de que Carod-Rovira era bastante más catalán que izquierdista, algo incompatible en quien se hace llamar izquierdista, poner delante la bandera de una nación antes que un modelo izquierdista, las críticas realizadas al movimiento del 15-M no hacen sino convencerme de que dicho político se siente únicamente catalán, y no es para nada de izquierdas.

sábado, 4 de junio de 2011

La legalidad de las ideas

Ayer, el Tribunal Supremo absolvió a cuatro neonazis a los que la Audiencia de Barcelona había impuesto penas de hasta tres años y medio de prisión "por difundir publicaciones que disculpaban el Holocausto, elogiaban el Tercer Reich y vertían opiniones favorables a la eliminación de los judíos y a la discriminación de colectivos como los negros o los homosexuales".

En contra de la tendencia de la mayoría de los países europeos, donde la sola expresión de dudas sobre la existencia o la magnitud del Holocausto está penada y contempla varios años de cárcel (Francia, Alemania...), el Tribunal afirma que la Constitución "no prohíbe las ideologías" y que "las ideas, como tales, no deben ser perseguidas penalmente por muy execrables que sean", afirmando que mientras la expresión de esas ideas no conlleven una apología de la violencia o de la incitación al odio no pueden ser perseguidas.

Con esta sentencia se entra en un terreno peligroso. Y es que no todas las ideas deberían ser legales, puesto que hay ideologías que están íntimamente ligadas con el odio y con la violencia hacia el diferente, y la velocidad de propagación de estas ideas en las personas y las consecuencias que esto puede tener son muy peligrosas.

Los que postulan que ninguna ideología debería perseguirse olvidan que el silencio y la aquiescencia ante, por ejemplo, las ideas que pululaban por Alemania en los años 30 ayudaron a que ocurriera una guerra mundial que provocó 60 millones de muertos y el mayor genocidio en 400 años, y, entre otras barbaries, una guerra civil en España que causó cientos de miles de muertos y una dictadura de 36 años.

Es muy fácil enarbolar la bandera de la libertad de expresión, un derecho prostituído por todos aquellos cuyas ideas se basan en un odio visceral a quienes no piensan o no son como ellos y que defiednen o justifican la violencia sobre otros colectivos. La libertad de expresión es un pilar fundamental de la Democracia, verdad, pero no todas las ideas pueden refugiarse bajo su paraguas; por muy fundamental que sea este derecho, cuando se pone en la balanza la libertad de expresión frente al derecho a la vida, siempre pesa más esta última.

Hay que combatir todas las ideologías que no sean sensibles con todos y cada uno de los derechos humanos y no ser cómplices con nuestro silencio de lo que en un futuro pueda ocurrir por la propagación de esas ideas. Parafraseando a Martin Luther King, "nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos."

miércoles, 4 de mayo de 2011

La celebración de la muerte

Diez años después de los atentados del 11 de septiembre, Estados Unidos ha asesinado a Bin Laden. Al parecer, se obtuvo la información sobre su paradero tras haber torturado mediante asfixia simulada a un preso de Guantánamo, lo que ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre el uso de la tortura como ya comenté hace unas semanas en esta entrada.

Sin embargo, además del curioso e irónico hecho de que un Premio Nobel de la Paz vaya a hacer de una orden suya de asesinato su gran baza electoral, me ha llamado muchísimo la atención las celebraciones y lágrimas de alegría de mucha gente por la muerte de Bin Laden.

Me ha recordado a las celebraciones tras la ejecución de Sadam Hussein o tras la muerte de Pinochet, entre otros, o las historias que he leído sobre las celebraciones por la muere de Hitler, Stalin... o sobre el agotamiento de las existencias de champán cuando murió Franco.

Pero, ¿es ético, es humano, no ya alegrarse, sino celebrar, brindar, festejar, la muerte de quien, a pesar de ser un monstruo, seguía siendo un ser humano?

lunes, 25 de abril de 2011

El auge de la extrema derecha

Hace nueve años, cuando yo aun no había cumplido los 18, y cuando tenía una edad en la que uno empieza a tomar, si es que no la tiene ya, conciencia política, y a ver el mundo desde su propia perspectiva, tuvieron lugar unos hechos en Francia que asombraron y atemorizaron al mundo, y de los cuales no puedo olvidarme al leer los periódicos casi una década después.

El detonante francés
Concretamente fueron las elecciones presidenciales francesas de 2002 y sus sorprendentes y alarmantes resultados. En dicho país las elecciones se realizan de la siguiente forma: en una primera vuelta cada ciudadano vota al partido que desea, mientras que en una segunda vuelta vota a uno de los dos que más votos obtuvo en la primera vuelta.

En dicha primera vuelta ganó el conservador Chirac seguido del ultraderechista Le Pen, quien sacó un puñado de votos más que el Partido Socialista. La división de la izquierda y el descontento de sus votantes provocaron los pésimos resultados del Partido Socialista, quien en principio era quien debía batirse con Chirac en la segunda vuelta. Por tanto, los ciudadanos franceses se enfrentaban a que debían decidir entre votar a la derecha o a la ultraderecha en la segunda vuelta. Para la izquierda, comunistas, socialistas... fue muy duro tener que votar a Chirac, puesto que obviamente la opción de Le Pen estaba descartada.

Para el mundo, la respuesta francesa fue contuntende. Para mí, los resultados fueron muy alarmantes: en la segunda vuelta hubo una participación ligeramente inferior al 80 %, y de entre la gente que votó, el 82% lo hizo por Jacques Chirac.

Es decir, a dos de cada diez franceses les daba igual que un fascista fuera presidente de su país (quiero pensar que muchos de ellos no fueron a votar sabiendo que la victoria sería sin duda para Jacques Chirac), mientras que de entre los que votaron, uno de cada seis prefería a un fascista. Uno de cada seis. En total, apenas el 60% de los franceses llamados a urnas votaron a Chirac. El resto, o votaron a un fascista o les dio igual que un fascista fuera presidente de su país.

Puedo llegar a entender que hay mucha gente que se considere apolítica e incluso ante la posibilidad de un presidente fascista no voten, por lo que el 80% de participación sea un éxito. Pero que una de cada seis personas desee tener un fascista como presidente de la República me pareció muy preocupante en su día, y me sigue pareciendo ahora.

El inicio de una escalada
Sin embargo, aquello que ocurrió en esas semanas de 2002 no fue un hecho aislado, sino que fue el detonante de una escalada de la ultraderecha en Europa a lo largo de la primera década del siglo XXI.

Podemos verlo en Austria, donde en las elecciones de 2008 los dos partidos de ultraderecha fueron la tercera y la cuarta fuerza más votadas; sumando los votos de las dos formaciones la ultraderecha fue la segunda fuerza más votada, con un 30% de los votos. Este mismo mes, en Finlandia, el partido Verdaderos Finlandeses consigue con un 19% de los votos ser la tercera fuerza política, en unas elecciones marcadas por los discursos xenófobos y racistas. Apenas 1500 votos les separaron de la segunda fuerza y menos de 4000 de la primera.

En la tolerante, abierta y moderna Holanda (Países Bajos), el ultraderechista y antiislamista Geert Wilders fue la segunda fuerza política de las elecciones europeas de 2009 y la tercerca fuerza politíca en las elecciones generales del año pasado. En Italia, la eterna Liga Norte de Umberto Bossi sigue siendo clave en la formación de los distintos gobiernos italianos y fue la vencedora de las elecciones regionales de 2010.

En Hungría, uno de los partidos más ultraderechistas de Europa, el Jobbik, de ideología antisemita y contrario a la inmigración gitana, y que ya había obtenido un 15% de los votos en las elecciones europeas de 2009, se convierte en 2010, con un 16,7% de los votos, en la tercera fuerza política húngara. Apenas un año después, cientos de gitanos deben abandonar su pueblo por miedo a la violencia de grupos paramilitares auspiciados por dicho partido.

Estos son solo unos pocos de la infinidad de casos que se están dando en Europa. Bélgica, Luxemburgo, Dinamarca o Suiza son otros ejemplos en los que se podría haber ahondado.

Y mientras tanto, gobiernos no ultraderechistas como el de Sarkozy expulsan a los inmigrantes gitanos ante el aplauso y la satisfacción de aquellos que olvidan que un día nuestros abuelos fueron emigrantes y que ahora se apuntan a academias de alemán como paso previo a su emigración a Alemania.

El reflejo de Alemania
Es verdad que afortunadamente Sarkozy no es Hitler ni los aviones de Air France son los trenes que iban a Auschwitz y a Mathausen. Es verdad que afortunadamente ninguno de los gobiernos actuales ha tomado posturas similares a las que desgraciadamente hubo en Alemania en la década de 1930. Es verdad que la situación actual dista mucho de ser la de aquella década.

Pero por otra parte, la aquiescencia de muchas personas ante el auge de la extrema derecha o antes las acciones políticas de distintos gobiernos que pueden tener, salvando las distancias, su reflejo en las que hubo en Alemania en la década de 1930, me recuerda a la postura que tuvo toda Europa, gobiernos y ciudadanos, durante la década de 1930, cuyas trágicas consecuencias todos conocemos y que continúan avergonzandonos como muestra de la barbarie de la que es capaz el ser humano.

martes, 12 de abril de 2011

Velos y reacciones

La aprobación de una ley que prohíbe llevar cualquier tipo de velo en Francia, desde el niqab hasta el burka, pasando por el hiyab, ha provocado una oleada de protestas entre la comunidad musulmana residente en Francia, cuya consecuencia ha sido que, en el primer día de su aplicación, hayan sido detenidas tres mujeres en una manifestación y una cuarta en una estación de tren.

Ante mi asombro, o ya no sé si asombrarme, no dejo de observar comentarios y opiniones de gente apoyando fervientemente la nueva ley mientras que otros, con no menos vehemencia, se oponen a dicha ley. La libertad religiosa, dicen unos; la humillación de la mujer, responden los otros. Ambos con una vehemencia, una seguridad.... Y en medio estoy yo, que boquiabierto no sé qué opinar.

Escucho las opiniones de los que están a favor de la prohibición de llevar velo y pienso: "pues tienen razón". Escucho las opiniones de los que no están a favor y pienso "pues tienen razón". Pero lo que me asombra es que ambos bandos aseguran con una vehemencia, con una seguridad, sin ningún atisbo de duda, como quien está tan seguro que dos y dos son cuatro o de asunciones universales como que el trabajo infantil es execrable.

¿Qué pienso yo? Que lo ideal sería que aquellas mujeres que quieran llevar el velo por creencias religiosas o razones culturales o cualesquiera que sean sus motivos pudieran llevarlo, mientras que a aquellas que lo llevan obligadas por sus padres, hermanos, maridos o familias se les impidiera llevarlo, multando a quienes les obligan a llevar velo.

Pero claro, no puede saberse cuál es el motivo por el que lo llevan, así que hay que tomar una decisión: poner la frontera en el sí o en el no; "cercenar" la libertad religiosa o cultural de llevar la prenda que una persona quiera, para que quienes están obligadas a llevarlo no tengan que hacerlo; o permitir que todas las mujeres puedan llevar cualquier tipo de velo, permitiendo la libertad religiosa o cultural a cambio de que haya mujeres que, sometidas a sus familias, se vean obligadas a llevarlo. Y yo no sé dónde ponerla.

Francia, un país que hace ya muchos años perdió aquel Liberté, égalité, fraternité de 1789, ha puesto sobre la mesa un tema que en Europa lleva ya unos cuantos años en la calle.

Muchos aplauden la medida con vehemencia. Muchos la critican como si fuera la mayor injusticia del mundo. Y en medio estoy yo. Mirando a través de la barrera a unos y a otros. Sin saber qué pensar, sin tener una opinión.

domingo, 20 de marzo de 2011

Curso rápido de Photoshop

Mientras las grandes potencias comienzan su bombardeo sobre Libia para derrocar a Gadafi, una vez que Mubarak y Ben Ali han abandonado Egipto y Túnez respectivamente, me estoy imaginando a los asesores de los presidentes de esas grandes potencias haciendo un curso rápido de Photoshop, para, al igual que hizo en su día Stalin con Trotski, eliminar a Gadafi y al resto de dictadores de todas aquellas fotos en las que aparecían, no hace mucho tiempo, los amigos Gadafi, Mubarak o Ben Ali, apretando amistosamente las manos de los presidentes occidentales.

Y es que, como dice este artículo, el baño de sangre ha cogido a la comunidad internacional con las manos en la caja.

Y como para muestra un botón, algunas fotos que se obtienen fácilmente en Google tecleando el nombre de estos dictadores.

De izquierda a derecha, Nicolas Sarkozy, Silvio Berlusconi, Dimitri Medvedev, Muamar el Gadafi y Hosni Mubarak, en la cumbre del G-20 de julio de 2009. Detrás se observa a José Manuel Barroso, Gordon Brown y Angela Merkel, entre otros. (AP)

Abrazo entre Hosni Mubarak y Barack Obama.

Saludo entre Gadafi y Nicolas Sarkozy.

Confidencias entre Mubarak y Angela Merkel.

Apretón de manos entre Gadafi y Zapatero.


Gadafi y Berlusconi, dos grandes amigos.

Resulta curioso cómo en pocos días, un gran amigo y aliado de Occidente, haya pasado a ser un dictador que merece ser derrocado. Parece que los intereses de nuestros líderes cambian más rápido que la dirección del viento. Lo que es una pena es que este hombre haya sido considerado en algún momento amigo de Occidente.

sábado, 19 de marzo de 2011

A vueltas con la energía nuclear

Uno de los dos temas candentes de la actualidad, junto con las revueltas que están ocurriendo en Libia, es la situación que se está viviendo en Japón tras el terremoto y posterior maremoto (parece que desde diciembre de 2004 es mas cool decir "tsunami") del 11 de marzo y sus consecuencias sobre la central nuclear Fukushima, que ha vuelto a reabrir, si es que se había cerrado en algún momento, el sempiterno debate sobre la energía nuclear.

Esta semana escuché una reflexión sobre este tema a Lorenzo Milá, que expongo a continuación como si fuera mía, ya que comparto palabra por palabra lo que dijo.

A mí modo de ver, el de un ciudadano de calle más, el debate no debería enfocarse en "¿estás a favor o en contra de la energía nuclear?", sino en "¿estás a favor de que Occidente baje el nivel de vida que tiene?".

Actualmente, Occidente tiene un tren de vida, tanto a nivel global (industrial) como individual (las acciones que hacemos cada uno como ciudadanos), que provoca que tengamos el nivel de vida y de "bienestar" que tenemos, imposible de conseguir sin energía nuclear, y muchos de los países emergentes, como pueden ser India, Brasil, o los que se encuentran en Europa del Este, quieren alcanzar ese nivel de vida que tiene Occidente, para lo que también necesitan la energía nuclear.

Es posible que estemos llevando un tren de vida demasiado exagerado, con un excesivo nivel de bienestar, y que quizá no nos veamos muy afectados si bajamos, tanto a nivel individual como a nivel colectivo, ese nivel de vida, si soltamos un poco el pie del acelerador. Quizá vivimos en un mundo con multitud de comodidades, muchas de ellas superfluas y banales, sin las que podríamos vivir perfectamente.

La pregunta que lanzo es: ¿estamos dispuestos a bajar el nivel de vida que tenemos? Si es así, es muy posible que podamos vivir sin la energía nuclear. Si no es así, si queremos seguir con este tren de vida, con este nivel de bienestar (quizá la palabra no sea la más adecuada), es prácticamente imposible prescindir de la energía nuclear (quizá cubriendo el planeta de plantas solares podríamos alcanzar dicho nivel...). Creo que esta es la pregunta que debemos hacernos todos.

Esta es la percepción que tengo de este tema, totalmente subjetiva, y desde la perspectiva y con los datos que puede tener un ciudadano normal (lo que es posible que me incapacite para poder opinar...).